Mindfulness n.3: Meditación Sedente

 

Este artículo es el nº3 de la serie relacionada con el Mindfulness: Meditación Sedente

Esta es una práctica de Mindfulness que se realiza sentado. En cuanto a la postura, tanto en el suelo_ sobre cojín o banqueta_ como en silla o sillón, lo importante es mantener la columna erguida y una posición relajada, sin tensiones. La esencia de la meditación sedente consiste en adoptar el significado real de sentarse y mantener una postura que recoja la dignidad de su Presencia. De lo que se trata en verdad es de aprender a asentarnos internamente, es decir, de aprender a “asentar” nuestra mente.

Una vez bien asentados, con los ojos cerrados, abiertos o entornados, nos abandonamos al momento Presente. El abanico de posibilidades que tenemos para atender es inmenso, pero fundamentalmente podemos focalizar la atención en 2 grandes grupos de objetos: externos o internos.

Dentro de los objetos externos tenemos todo aquello que puede ser percibido por los sentidos (vista, oído, tacto, gusto, olfato). Si tenemos los ojos cerrados podríamos hacer un repaso de todo lo que en el instante de la práctica percibimos a través del gusto, olfato, tacto y nos posamos en el oído. Tranquilamente intentaremos percibir y estar atentos al mapa sonoro que nos rodea, sin interferir con el pensamiento, juzgando o recordando, simplemente escuchando, sin más. Siempre atentos, sin caer en ensoñación, podemos poner en el foco de la atención como objetos externos al propio cuerpo o la respiración, prácticas que comentaremos en artículos sucesivos.

Si conseguimos mantener la atención en los objetos externos prefijados sin la intervención de nuestros propios contenidos mentales, lo que estamos consiguiendo es que la mente se calme y el sentido del Yo se disuelva en el objeto que atiende… y descansamos, y respiramos, y nos sentimos en el Presente.

Dentro de los objetos internos tenemos nuestras emociones y pensamientos, que pueden ser atendidos para una toma de conciencia del estado anímico y emocional en el que nos encontramos, sin juzgar, sin identificarnos con emociones y pensamientos, simplemente reconociendo su calidad, intensidad, recurrencia, hasta llegar a formarnos una idea del mapa psíquico en el que nos encontramos inmersos.

También tenemos la opción de no prefijar hacia dónde dirigimos la atención, es decir, dejar que libremente nuestra atención se sitúe tanto en objetos externos como en internos, y observar esta secuencialidad, hacia dónde se dirige naturalmente nuestra atención, si hacia los estímulos externos o hacia los internos; si fluctúa o no, la rapidez con que nos dirigimos de un objeto a otro siempre atentos en el presente. Ésta es la práctica de lo que Krishnamurti denominaba conciencia sin elección, semejante a la práctica del shikan-taza o “justamente sentarse, nada más” del zen, del dzogehen de la tradición tibetana y de lo que el Buda denominó concentración sin objeto.

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