Cursos de Mindfulness para Educadores
Crea ambientes en el aula equilibrados y plenos.
Formación Bonificada por la Fundación Estatal para la Formación en el Empleo
Con la aparición del COVID-19, los niveles de estrés se han disparado. La reducción de salidas para desahogarse y el exceso de dispositivos electrónicos a los que los niños están expuestos, hace que la dispersión y la falta de concentración reine en el aula. Además de esto, los niños captan las preocupaciones y el estrés de los padres, profesores y la situación de alarma en general, haciendo que todo esto explote en clase.
A día de hoy, el profesor tiene que cumplir con innumerables planes y protocolos de seguridad frente a la pandemia, y recibir al grupo de alumnos que a su vez están deshabituados a los ritmos escolares y retrasados con respecto a las materias tras los meses de aislamiento. Tienen que adaptar los programas escolares y sobre ellos pesa la sombra de posibles cuarentenas si se detecta algún riesgo en la clase.
Se hace absolutamente necesario un entrenamiento que cultive la calma y al tiempo ejercite la atención y la gestión emocional, y todo ello de manera sencilla y sin que cueste tiempo. La solución se llama MINDFULNESS y desde hace más de 20 años que su efectividad está demostrada desde el campo de la neurociencia contemplativa. Aquí tienes algunos de sus beneficios:
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- Mejora el equilibrio emocional. A menudo los niños se ven arrasados por sus sentimientos, presionados también por la sociedad que insiste en que los niños mayores no lloran, no se enfadan, etc, etc. A través del mindfulness los niños se permiten sentir y comprenden que no somos nuestros sentimientos;
- Mejora la impulsividad. Aumentando el autocontrol, podemos frenar antes de que nuestros sentimientos nos lleven a comportamientos no admisibles;
- Desarrolla la capacidad de resiliencia, es decir, la capacidad que tenemos las personas de recuperarnos frente a los duros golpes que nos da la vida, centrándonos en el momento presente y aprendiendo a canalizar los sentimientos que nos producen sufrimiento;
- Mejora la atención, el focalizar en la actividad que estamos realizando y la memoria, algo que sin duda tiene su efecto en el rendimiento académico que tanto preocupa a muchos padres;
- Potencia la amabilidad, no sólo hacia los demás sino también hacia uno mismo así como otras habilidades sociales que buscan el bienestar del grupo: la empatía, la colaboración, la objetividad o la paciencia, por ejemplo;
- Desarrolla la capacidad de darse cuenta o ser consciente una herramienta vital que considero absolutamente básica en el desarrollo de un ser humano;
- Te enseña a parar la mente. Nos ayuda a posibilitar momentos de relax y a conciliar el sueño;

